Jardines del Valle

Un poco de historia

A principios del siglo XV, en el lugar que hoy ocupa el Jardín Valle, se fundó el Convento del Valle, denominación que parece derivar según cuentan las crónicas de la arboleda y del valle que se extendía por este lugar.

Varias comunidades religiosas Dominicas, Padres Terciarios de San Francisco ocuparon el convento en distintas épocas hasta que se convirtió en casa de vecinos. En 1866 fue adquirido por la marquesa de Villanueva para fundar una institución dedicada a la educación de la juventud femenina: el Colegio de Religiosas del Sagrado Corazón.

De aquel conjunto de edificios que constituía el colegio sólo se conservó la iglesia, el jardín y la muralla hispanomusulmana que lo rodea.

Pero a principios de los años ochenta del siglo XX, aprovechando que el planeamiento municipal permitía un cambio de uso del solar de escolar a residencial una inmobiliaria adquiere los jardines con la finalidad de edificar en ellos. Surge entonces un movimiento ciudadano, esencialmente ecologista, que fuerza al ayuntamiento a denegar la licencia de construcción en este lugar. El Jardín del Valle había superado definitivamente las agresiones inmobiliarias que se centraban en él.

 

 

 

Un jardín singular

El Jardín del Valle está rodeado parcialmente por la muralla islámica que protegía la ciudad. Aunque tradicionalmente se ha considerado que dicha muralla es almohade, datos recientes parecen indicar que es del siglo XII y corresponde a la ampliación del recinto amurallado realizada por los almorávides (1091-1147).

La muralla y el cerramiento que presentaba hacían del Valle un jardín acogedor, singular, en cuyo interior se han celebrado ferias alternativas, conciertos, representaciones de títeres, etc.

El Jardín del Valle pulmón vegetal en una zona de Sevilla deficitaria en zonas verdes presenta zonas sombrías, que nos permiten refugiarnos en él durante los tórridos días estivales, y áreas soleadas para sentir los invernales rayos del sol que calientan el albero de este recinto.

En sus 10.554 m2 prolifera casi medio centenar de especies vegetales diferentes: árboles del fuego, jacarandas, robinias, palmeras, naranjos, limoneros, flores de pascua, dombeyas, adelfas, árboles de Júpiter, tuyas arbóreas, justicias y árboles del amor. Y entre ellas destaca el braquiquito rojo, de nombre botánico Brachychiton acerifolium.

Frente al jardín se encuentra la casa en la que vivió Pedro Salinas, profesor de la Universidad de Sevilla, voz transparente y sensual de la Generación del 27:

Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.
El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada
ya, para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.
Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no
-¿adónde se me ha escapado?-.
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.

 

 

Pérdida de identidad de los Jardines del Valle

En julio de 2009 la delegación de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Sevilla acomete la restauración de los Jardines del Valle. El objetivo prioritario es derribar el muro de la avenida María Auxiliadora conservando las dos puertas entre las que discurre para sustituirlo por un cerramiento más diáfano que permita contemplar los jardines desde el exterior.

Tras la remodelación, los jardines están en clara conexión con una avenida que presenta un intenso tráfico de vehículos motorizados. Los Jardines del Valle que se caracterizaban, precisamente, por ese carácter oculto, mágico, que le proporcionaba estar confinados entre la muralla islámica y el cerramiento tradicional, han perdido su singular identidad.

Por lo que se refiere a las actuaciones realizadas, se han restaurado los parterres, se han eliminado algunos árboles que habían desarrollado pudriciones, se han realizado diferentes podas, se han plantado nuevas especies (como el níspero) y se ha perdido la aralia (Fatsia japonica), una planta poco frecuente en la ciudad. El jardín se ha dotado de una nueva red de riego y se han arreglado los caminos de albero.

En cuanto a estructura y composición florística, el jardín ha quedado básicamente igual a como estaba antes de la remodelación. La idea que proponía el ayuntamiento de recuperar un jardín del siglo XV a modo de huerta no ha cristalizado en los trabajos realizados.