Paseo de la O

 

El Paseo de Nuestra Señora de la O discurre por la orilla derecha de la dársena del Guadalquivir, en Triana, desde el Puente de Isabel II hasta el Puente del Cristo de la Expiración.

A lo largo de este paseo aparecen catalpas, cipreses de los pantanos, un ginkgo, estoraques, un peral, álamos blancos, chopos, naranjos, cipreses, ailantos, jacarandas, casuarinas, olmos, braquichitos, un árbol del amor, adelfas, tipuanas, almeces, un arce, falsas pimientas, moreras y fresnos.

En el paseo se encuentra el conjunto escultórico de Trajano que, levantado en 1993, fue donado por Rumanía a la ciudad de Sevilla con motivo de la Exposición de 1992. Obra de Vasile Gorduz, la escultura presenta al emperador Trajano, en bronce, sobre pedestal de mármol, sosteniendo en sus brazos a la simbólica loba fundadora de Roma. Y una inscripción –Trajano ha construido un puente sobre el Danubio– que evoca vínculos históricos entre Dacia y la Bética, entre Rumanía y Andalucía.

Pero la ubicación del conjunto escultórico debe modificarse pues, instalado casi al borde de la dársena, la vegetación impide que pueda contemplarse en su totalidad.

A mediados de los años noventa se colocó en el paseo un monolito que, durante la exposición del 92, presidió el Pabellón de Castilla y León.

Puente de Barcas

Donde actualmente se encuentra el Puente de Isabel II, en época almohade, en 1171, se construyó el primer puente que cruzaba el Guadalquivir a su paso por Sevilla: el Puente de Barcas, que unía la ciudad con el arrabal de Triana.

El puente estaba formado por un conjunto de barcas de madera fuertemente unidas entre sí mediante cadenas y garfios de hierro, ancladas en el Guadalquivir y unidas en sus extremos a los malecones de las orillas. Sobre las barcas se apoyaban tablones de madera que permitían el tránsito desde una a otra orilla.

Se trataba, pues, de una estructura no permanente, capaz de adaptarse a los flujos de marea que afectan al Guadalquivir. Precisaba reparaciones periódicas y ser reinstalado tras las crecidas del río que rompían la sujeción con la orilla, aislando Triana del resto de la ciudad.

El Puente de Barcas fue el primer puente sobre el Guadalquivir que tuvo Sevilla. ¡Y el único que tuvo la ciudad durante casi siete siglos!

No se abordó la construcción de un puente fijo porque la naturaleza del lecho del río –blando y arenoso– obligaba a profundizar en el mismo hasta encontrar el sustrato adecuado para cimentar los pilares. Permaneció como tal hasta que a mediados del siglo XIX se construyó el Puente de Isabel II. Durante la construcción de éste último, el Puente de Barcas fue trasladado aguas abajo para seguir manteniendo la comunicación entre las dos orillas del Guadalquivir.

Puente de Isabel II, Puente de Triana

Actualmente el Paseo de la O se prolonga bajo el Puente de Isabel II.

El Puente de Isabel II o Puente de Triana –edificado durante el reinado de Isabel II– comenzó a levantarse en 1845 y, tras superar los problemas de financiación que mantuvieron paralizada la obra durante dos años, se inauguró en 1852.

Con un diseño similar al desaparecido Puente Carrousel levantado en 1834 sobre el río Sena en París, el Puente de Triana fue construido por los ingenieros franceses Fernando Bernadet y Gustavo Steinacher, con piezas de fundición de los talleres Bonaplata de Sevilla. El nuevo puente –en hierro, sobre pilares de piedra, con arcos circulares tangentes entre sí– expresa la ingeniería de vanguardia que se extendía por Europa, con el hierro como protagonista estético y estructural.

En 1928 Aníbal González creó en el propio puente la capilla de la Virgen del Carmen.

En los años setenta, el Puente de Isabel II fue declarado Monumento Histórico Artístico.

Aunque el puente ha experimentado diferentes reformas –como la sustitución del tablero superior– ha conservado su diseño original. De hecho, aunque los arcos perdieron su función estructural, se han conservado como elementos inherentes a la estructura original.

El Puente de Triana es el puente de hierro es uso más antiguo de España.

Puente del Cristo de la Expiración, Puente del Cachorro

En el otro extremo del Paseo de la O hay otro puente: el Puente del Cristo de la Expiración, o Puente del Cachorro, nombre popular del Cristo de la Expiración.

El puente es una estructura esencialmente metálica, formada por dos arcos paralelos, con amplias aceras cubiertas por cubreaceras de polietileno revestidas de pvc que, simulando las tradicionales velas de lona de la ciudad, protegen al paseante tanto de la lluvia como del sol, convirtiendo el puente en un mirador sobre la dársena del Guadalquivir, a la que se puede acceder mediante escaleras que parten desde el mismo puente. El Puente de los Tolditos –pues también recibe este nombre– ha sido diseñado como un puente discreto que no pretende quitar protagonismo al río ni empequeñecer al cercano Puente de Isabel II.

El puente se construyó como consecuencia de la remodelación urbanística que experimentó la ciudad con motivo de la celebración de la Exposición Universal de 1992: se levantó el aterramiento de Chapina para prolongar la dársena del Guadalquivir aguas arriba.

El nuevo puente, diseñado por el ingeniero José Luis Manzanares Japón, se construyó en 1991, antes de que la prolongación de la dársena permitiera que el agua pasara bajo el mismo. Fue bautizado popularmente con el nombre de Puente de los Leperos. Y la cosa no quedó así, ni mucho menos. Ese mismo año, el propio Ayuntamiento de la localidad onubense de Lepe, el 28 de diciembre –día de las inocentadas– emitió un comunicado solicitando a la Corporación del Ayuntamiento de Sevilla que el nuevo puente asumiera dicha denominación y, claro está, que abonara el canon correspondiente por utilizar dicho nombre.

Para los que son de otras tierras les diré que los leperos protagonizan chistes en los que se les atribuye acciones tan singulares como las de construir un puente y luego poner el río. Y también les diré que Lepe es uno de los municipios de España con mayor actividad económica y mayor renta per cápita, producto de la iniciativa y trabajo de los leperos.

Castillo de San Jorge

Ni el Puente del Cachorro ni el Puente de Isabel II existían cuando los presos condenados por la Santa Inquisición partían el Castillo de San Jorge y cruzaban el Puente de Barcas para ser ajusticiados.

El Castillo se San Jorge, en el Paseo de la O y junto al Puente de Barcas, fue construido por los almohades en el siglo XIII para proteger la ciudad de las tropas cristianas.

Tras la conquista de la ciudad por Fernando III en 1248, el castillo fue entregado a la Orden Militar de los Caballeros de San Jorge, y en 1481 los Reyes Católicos lo cedieron a la Santa Inquisición que lo ocupó hasta 1785.

Durante tres siglos, el Castillo de San Jorge se constituyó en sede de la Santa Inquisición. Tres siglos en los que, en nombre de Dios, se encarcelaba y sometía a tortura a muchos de los nuevos conversos al cristianismo (especialmente si eran judíos) y a los acusados de herejía por cualquier otro tipo de motivo. Mazmorras y torturas fueron señas de identidad del siniestro castillo.

A finales del siglo XVIII fue abandonado por la Inquisición en un profundo estado de deterioro. En el siglo XIX fue derribado para construir, en 1822, el mercado de abastos de Triana. En 1990 se derriba este edificio para levantar un nuevo mercado que se inaugura en 2001.

En 2009, bajo el mercado, se abre un centro museístico en el que, con los escasos restos arqueológicos que se han conservado del castillo, se pone de manifiesto la represión y la intolerancia que ejercía el Tribunal de la Santa Inquisición.