Muelle de Nueva York

Tras la apertura del Muelle de Nueva York se ha conseguido que toda la margen izquierda de la dársena del Guadalquivir, desde el Puente de las Delicias hasta el aterramiento de San Jerónimo, se constituya en un paseo peatonal continuo. Se suceden Muelle de las Delicias, Muelle de Nueva York, Paseo Marqués de Contadero, Muelle de la Sal, Jardines de Chapina, Paseo Juan Carlos I y los nuevos jardines de San Jerónimo, cada uno con unas características propias que determinan que el entorno cambie a lo largo del recorrido.

Remodelado durante la primera década del siglo XXI e inaugurado como paseo fluvial en 2012, el Muelle de Nueva York tiene una dilatada historia.

Muelle Histórico

El Muelle de Nueva York se construyó en 1905 para responder al progresivo aumento de la actividad portuaria de la ciudad que, hasta esa fecha, estaba centrada en el Muelle de la Sal (frente al Arenal). De hecho, la denominada grúa de Nueva York que –adquirida a una empresa de Manchester– había sido instalada en 1874 en el Muelle de la Sal, se trasladó al nuevo muelle.

A partir de 1925, una vez construido el Canal de Alfonso XIII con los nuevos muelles, su actividad disminuyó paulatinamente, aunque el tráfico fluvial se mantuvo hasta los años sesenta cuando el Puente de San Telmo –construido en 1931 como puente móvil que permitiera el trasiego de barcos– se convierte en puente fijo.

Es decir, a lo largo del siglo XX la actividad portuaria se fue desplazando desde los muelles enclavados en la zona norte del Guadalquivir –Muelle de la Sal y Muelle de Nueva York– a los nuevos muelles construidos en el sur, en la Corta de Tablada (Canal de Alfonso XIII).

Recibió el nombre de Muelle de Nueva York porque del mismo partían barcos de carga y de pasajeros hasta aquella ciudad norteamericana. Entre 1919 y 1935 existía una línea regular de transporte marítimo entre Sevilla y Nueva York, y una con Sudamérica que perduró muchos más años.

Las últimas décadas del siglo XX, el muelle, sin actividad, se había convertido en un espacio aislado físicamente del entorno urbano. En 2006, la grúa de Nueva York se trasladó al Muelle de las Delicias, que había sido totalmente remodelado. El Muelle de Nueva York perdía uno de los elementos históricos que mejor lo caracterizaban.

 

 

La remodelación del siglo XXI

Tras décadas de abandono, el Muelle de Nueva York se había convertido en un espacio baldío, inaccesible a la población.

En la primera década del siglo XXI fue remodelado y transformado en paseo público.

El muelle –que se extiende desde el Puente de los Remedios hasta el Puente de San Telmo– presenta varias áreas diferenciadas.

La primera zona –próxima al Puente de los Remedios– pretende constituirse en un pequeño espacio escénico, con gradas de escasa altura y plataforma de cemento, presidido por algunas palmeras datileras, washingtonias, pinos piñoneros, cocos plumosos, lantanas, jóvenes cipreses, un par de tipuanas y un ginkgo.

A partir de esta zona aparece un amplio espacio que, adoquinado y con las antiguas vías férreas que permitían que los trenes de carga accedieran al puerto, conserva cierto aire de muelle antiguo.

Le sigue un espacio ocupado por una pérgola que, cubierta de glicinias, con bancos y fuentes, recorre parte del paseo. A lo largo de la pérgola y tras ella, existen una serie de parterres delimitados por setos de mirto, con agapantos, tulbaghias y hemerocallis que proporcionan un color alegre al paseo, y naranjos que le confieren un aire tradicional. Aquí se integran un par de quioscos-bar con veladores.

En la zona próxima al Puente de San Telmo el protagonismo paisajístico corresponde a un grupo de espléndidos pinos piñoneros.

El paseo fluvial está recorrido por un camino de albero escoltado, en buena parte del mismo, por álamos negros y algunos eucaliptos.

Dos rampas permiten acceder a dos pequeños embarcaderos formados por plataformas de madera.

El muro de separación con el Paseo de las Delicias –en el que se encuentran bancos de ladrillo construidos durante la Exposición de 1929– está tapizado por buganvillas, con jazmines arbustivos en los arriates y parras vírgenes junto a los puentes.

A lo largo del muro se han instalado siete fuentes de acero que llevan las inscripciones de los muelles de la ciudad.

En diciembre de 2013 se colocó en el suelo del Muelle de Nueva York un gran mosaico de azulejos de unos 20 metros de longitud que representa la cuenca del río Guadalquivir con sus afluentes y núcleos de población más significativos. El mosaico, muy decorativo, tuvo que ser inmediatamente modificado porque presentaba ¡faltas de ortografía y errores geográficos!

Diana cazadora, una escultura simbólica

En 2012 el Ayuntamiento encargó al artista sevillano Ricardo Suárez una escultura para ser instalada en el muelle. Una escultura que refleje parte del pasado de esta zona portuaria: Diana, diosa de la caza.

Con la escultura se quiere recordar la estrecha relación que existió entre Nueva York y Sevilla.

Durante los años veinte del siglo pasado, barcos de pasajeros zarpaban de este muelle hacia la ciudad de Nueva York. Lo sorprendente es que abandonaban la ciudad de Sevilla ante la presencia de la Giralda con su Giraldillo y, al llegar a la ciudad norteamericana, se encontraban con otra giralda con un giraldillo diferente, que en aquella época se elevaba sobre el resto de edificios presidiendo la ciudad.

En 1890 se construyó en Manhattan el segundo “Madison Square Garden”, un colosal edificio que albergaba gran parte de la actividad cultural, deportiva y de ocio de la ciudad norteamericana, con restaurantes, teatros, ring de boxeo y salas de conciertos. El edificio presentaba una torre que superaba los 200 metros de altura, inspirada en la Giralda de Sevilla y, como ésta, estaba coronada por una gran veleta: la diosa Diana, arco en mano, en disposición de cazar, modelada por Augustus Saint-Gaudens. En 1925, para construir un nuevo edificio, el segundo “Madison Square Garden” fue derribado y con él la Giralda de Manhattan. La escultura de Diana se conservó en el Museo de Arte de Filadelfia y una réplica de menor tamaño, también creada por Saint-Gaudens, en el Museo Metropolitano de Nueva York.

Inspirándose en aquella Diana, Ricardo Suárez ha creado una escultura en bronce, de tres metros de altura, de la mitológica diosa romana. Sobre pedestal de cuarto metros, Diana se elevará hasta los siete metros de altura, constituyéndose en elemento simbólico del muelle… cuando el Ayuntamiento decida colocarla.