Parque de los Bermejales
Un poco de historia

El Parque de los Bermejales, inaugurado en 2006, es resultado del Proyecto de Regeneración de Solares Degradados ejecutado por el ayuntamiento de la ciudad con ayuda financiera de la Unión Europea. Como ha ocurrido en otras zonas de la ciudad, lo que era una escombrera y vertedero ilegal se transformó en parque.

Situado junto al puente del Quinto Centenario, discurre de forma paralela a la avenida de Dinamarca, a la que se abre mediante dos puertas.

En sus 135.000 m2, hay dos áreas de juegos infantiles, un área de ejercicios para jóvenes y personas adultas y, desde 2016, una zona para perros.

Bermejales es un parque de aire paisajista, de aspecto asilvestrado, con arboleda mediterránea y céspedes naturales formados por herbáceas que de forma natural proliferan en la zona. El espacio está estructurado por caminos de tierra y albero que proporcionan un aspecto más natural al parque, que presenta diferentes desniveles, con una zona más alta en la parte norte.

La arboleda del parque está formada fundamentalmente por olivos, acebuches, algarrobos, encinas, alcornoques y pinos piñoneros. Hay casuarinas, algún álamo blanco, unos pocos braquichitos, alguna morera, catalpas y jacarandas en las zonas de juegos infantiles, un par de palos borrachos plantados estos últimos años, tres nogales y dos especies de acacias diferentes (Acacia saligna y Acacia karoo).

Madroños, adelfas, arrayanes, romeros, tarajes y lentiscos constituyen el matorral. Y entre las plantas que proliferan de forma espontánea, pepinillos del diablo.

Existe una pequeña depresión encharcada rodeada de vegetación palustre –una simple charca poblada de eneas– que constituye un hábitat diferenciado, en cuyas aguas y árboles próximos se congrega una comunidad de aves que proporcionan un ambiente visual y acústico singular, diferenciado del resto del parque.

Para que este ecosistema perdure y se desarrolle, las aguas tienen que mantenerse en buen estado de conservación; de lo contrario, este espacio lacustre que potencia los valores naturales del parque, se transformará en un foco de putrefacción y malos olores.

La pérdida más importante del parque se produjo en la segunda década del siglo XXI: los ciruelos de Japón que escoltaban los caminos principales del Parque Bermejales desaparecieron y fueron sustituidos por almeces.

El poderoso contraste que generaban las tonalidades purpúreas y rosas de las hojas y flores de los ciruelos japoneses frente a los matices verdes de la vegetación esencialmente autóctona del parque, se ha perdido. Precisamente, ese contraste que proporcionaba la especies exótica, con su elevado carácter ornamental, incrementaba los valores estéticos de todo el parque.

También ha desaparecido el agradable circuito de habilidad para bicicletas.